Fresco y pintura mural

La hipótesis del fresco en la pintura mural romana

La determinación del procedimiento pictórico empleado en la pintura mural romana ha sido, a lo largo de los últimos siglos, objeto de múltiples controversias y resultados contradictorios1 . Durante las últimas décadas del siglo pasado, la teoría de que el fresco era el procedimiento habitual utilizado en los murales romanos llegó a tener una aceptación muy extendida. En los últimos años esta teoría está siendo cada vez más cuestionada debido a la identificación de aglutinantes orgánicos en murales romanos y también a las discutibles hipótesis en las que se fundamenta y que requieren una revisión en profundidad:

1. La técnica pictórica del fresco requiere que el mural sea ejecutado en tareas -giornate-, las áreas de mortero que el artista es capaz de pintar en una jornada de trabajo2 . Actualmente se considera que las pinturas murales más antiguas realizadas mediante tareas datan de la segunda mitad del siglo XIII3 . Por tanto, difí­cilmente podrí­an considerarse como frescos las pinturas murales de época anterior, que carecen de las juntas entre tareas que caracterizan a las pinturas al fresco.

2. En las pinturas romanas, bizantinas antiguas y románicas, el tendido final de mortero -arriccio- no está dividida en jornadas sino en pontate, grandes extensiones de mortero que coinciden en altura con los distintos niveles de los andamios. Los estudios sobre pintura romana más conocidos consideran que “la pintura está ejecutada sobre un intonaco [el tendido final de mortero] fresco que es aplicado siempre en pontate”4 . Para valorar esta hipótesis es importante señalar que, bien al contrario, las pontate “son signo inequívoco de que la pintura ha sido realizada sobre mortero seco”5 , y que ningún estudio experimental o tratado sobre técnica del fresco corrobora que sea factible la realización de un fresco mediante pontate6 .

3. Las pinturas al fresco muestran diferencias de color entre tareas contiguas que se producen por la dificultad para igualar el tono de la parte que se está pintando con el de la tarea anterior ya seca, debido a que la intensidad del color disminuye considerablemente durante el secado7 . En los murales romanos no se observan variaciones de tono a ambos lados de una junta entre pontate, lo que indica que la pintura fue aplicada sobre mortero seco.

4. Al hablar de los pigmentos blancos, ni Plinio8 ni Vitrubio9 citan la cal, que es el pigmento blanco más importante en pintura al fresco. En las pinturas murales romanas, los pigmentos blancos están generalmente constituidos (exceptuando el blanco de plomo, al que nos referiremos en el siguiente apartado), por cretas, aragonitos y mármoles10 . Estos pigmentos no se utilizan en fresco porque resultan transparentes al ser aplicados con agua, impidiendo al artista prever el efecto de las pinceladas tras el secado, cuando se vuelven opacos11 .

5. Los murales romanos contienen pigmentos que no conviene utilizar en pintura al fresco porque se degradan en contacto con la cal, como blanco de plomo, rojo de plomo, malaquita, azurita, oropimente o cinabrio. La degradación de estos pigmentos en contacto con la cal fresca ya era conocida por los romanos, como indican las advertencias de Plinio y Vitrubio sobre su uso. La frecuente presencia de estos pigmentos en la pintura mural romana indica que los murales en los que aparecen no fueron realizados al fresco12 .

6. Los párrafos en los que Plinio y Vitrubio comentan el empleo de enlucidos de cal pigmentados en húmedo y sus consejos de no emplear en ellos los pigmentos antes señalados, han sido considerados la confirmación del uso del fresco en época romana. Sin embargo, el fresco no es la única técnica que emplea pigmentos sobre mortero húmedo. Los estucos coloreados, tradicionalmente empleados en la imitación de mármoles y que no permiten la decoración figurada, también requieren su aplicación sobre mortero fresco. Los escuetos comentarios de Plinio no permiten deducir la técnica empleada. Sin embargo, Vitrubio es más explícito, y sus descripciones parecen corresponder a las de un estuco y no a las de un fresco13 .

7. En ocasiones se ha considerado que la presencia de carbonato cálcico en los estratos pictóricos de las pinturas murales romanas indicaban que la técnica empleada era el fresco14 . Sin embargo, era una práctica habitual entre los pintores romanos mezclar los pigmentos con creta, mármol o calcita pulverizadas15 , lo que explicarí­a la presencia de carbonatos con independencia de la técnica pictórica empleada.

8. El estudio estratigráfico de las pinturas murales romanas muestra ausencia de penetración de los pigmentos en el mortero de cal, lo que indica que la pintura no fue realizada al fresco, sino sobre un soporte seco.

9. En ocasiones, los estudios químicos de pinturas murales romanas no han detectado presencia de materia orgánica en los estratos pictóricos. Este resultado ha llevado a algunos autores a concluir que dichas pinturas deberí­an haber sido realizadas al fresco. Sin embargo, este resultado puede deberse también a la dificultad que presentan las muestras de pintura antigua para extraer y caracterizar los aglutinantes orgánicos, y que pueden producir resultados enormemente divergentes entre diferentes estudios químicos de una misma obra16 .